La realeza del rock en Colombia

ESPECTACULOS. A las nueve de la noche en punto, exacto como buen británico, Paul McCartney inició su histórico concierto en el estadio 'El Campín' de Bogotá, que se extendió por dos horas y cuarenta minutos.

Una serie de imágenes de Liverpool, con una línea gráfica del tiempo sobre la vida artística de Paul, en las pantallas gigantes de video, fueron la antesala perfecta para el inicio del espectáculo.

Impecablemente de negro y con su clásico bajo, el exBeatle inició una noche de fantasía y emoción para más de 30 mil personas, muchas de ellas que ya habían perdido las esperanzas de ver a McCartney en un escenario colombiano.

"Buenas noches parceros", fue el saludo de Paul a sus seguidores, quienes vibraron con cada una de sus canciones en su carrera como solista, así como cuando hacía parte de Wings, pero el estadio estallaba en felicidad con cada melodía que llevaba el sello de The Beatles, la columna vertebral de su repertorio en esta gira.

Para destacar, los cuatro músicos que lo acompañaron en escena, junto a una mega producción que funcionó a la perfección.

Pocas palabras, todas copiadas en el piso del escenario, pronunció McCartney en español, pero todas encantaron a los espectadores.

Tuvo tiempo para pequeños homenajes, como un instrumental recordando al mítico Jimmy Hendrix, para luego volver al repertorio que todos querían escuchar, The Beatles, con canciones como Paperback writer.

Al fondo del escenario, en lo más alto, un piano de cola. Todos lo sabían, cuando subiera a él, era para interpretar sus más bellos clásicos, y así fue, siendo el primero de ellos The long and winding road.

No podían faltar algunas de sus nuevas canciones, como aquella que le escribió a su actual esposa, el tema My Valentine. Sin olvidar a Linda, quizás su más grande amor, con I'm looking through you.

Tampoco faltó la dedicatoria a John Lennon, en un momento íntimo de Paul sólo en el escenario con una guitarra acústica interpretando Here today.

En los homenajes no se olvidó de su amigo George Harrison, otro de los Beatles fallecidos. Cuando completaba hora y media de concierto y aún le quedaba repertorio por interpretar vino una descarga de las canciones que todos querían escuchar, desde Ob la di, ob la da, pasando por Back in the USSR, I gotta feeling, Let it be, Live and let die y Hey jude, completando dos horas de espectáculo sin descanso.

En un primer receso el músico colombiano Chucho Merchan le entregó la bandera nacional, ahí tomo aire y continuó la fiesta, pues aun faltaba por interpretar piezas memorables como Get black y Yesterday, entre otras, en un espectáculo de larga duración, donde a Paul ni los años ni la altura de Bogotá le pareció afectarle.

'El Campín' es el lugar ideal

Pese a ser silletería enumerada, los fanáticos llegaron muy temprano a 'El Campín', pero el ingreso se pudo realizar hasta las seis y media de la tarde, una vez que Paul McCartney y su equipo terminaron su prueba de sonido, la cual duró cerca de una hora y la gente disfrutó desde las filas.

El ingreso fue ágil. Escenarios como 'El Campín', diseñados para albergar miles de personas, hacen que la entrada se pueda hacer de forma ordenada y muy rápida, a diferencia del Parque Simón Bolívar, la única opción para eventos multitudinarios que ha existido en la Capital del país en los últimos años.

Pero lo mejor de todo, la gran diferencia con el Parque Simón Bolívar, es que desde la mayoría de localidades se logra una muy buena visibilidad, además de las monumentales pantallas de video que fueron instaladas.

La delicada gramilla fue cubierta, desde la mañana del jueves, por una gruesa capa protectora importada, la misma que ha sido utilizada en estadios de Argentina, Chile y México.

Desde temprano la lluvia amenazaba con hacerse presente, pero hasta las 8 de la noche, tan solo una leve llovizna había aparecido.

Las graderías fueron las primeras en llenarse. Hasta las seis de la tarde aún quedaban algunas entradas solo para las localidades de gramilla, pero el estadio se veía hermosamente lleno. Eso sí, siguiendo las indicaciones de no exceder el cupo de personas para que la gramilla no sufriera.

Sin duda uno de los detalles más hermosos de esta sin igual noche, ha sido el encuentro de varias generaciones disfrutando de un mismo show. Desde aquellos que crecieron en los años sesenta escuchando a The Beatles, pasando por quienes se deleitaron con Wings, y las siguientes generaciones que disfrutan de su faceta como solista, sin olvidar su glorioso pasado.

Si un espectáculo en Colombia debería pasar a la historia, sin duda éste es un serio candidato