La espiritualidad está a la venta

-: ESPECTACULOS. En los años 80, en medio de un convulsionado país, donde el terrorismo amenazaba con ganar la batalla con sus carros bomba y el sicariato, Iván, un estudiante de ingeniería, sufre el asesinato de su mejor amigo.

Todo dejó de tener sentido para él, y tras una larga depresión, encontró en el Budismo un camino que le ayudó a entender lo inútil que era aferrarse a lo material.

Este camino lo llevó a viajar por el mundo para luego volver a Colombia, ya como maestro y monje Densho Quintero. Dicho recorrido lo plasma en "El despertar Zen", como una clara muestra que la constancia y perseverancia son las claves para alejarse del sufrimiento.

Este libro será uno de los principales lanzamientos de la Feria Internacional del Libro.

Práctica Milenaria

-¿Cuál es el primer error que la gente comete cuando empieza a conocer el Budismo Zen?

La gente llega esperando respuestas mágicas, soluciones instantáneas a su insatisfacción existencial para lograr un estado en el que todos los problemas queden solucionados de manera milagrosa. Esperan que alguien les dé la fórmula mágica sin tener que hacer un esfuerzo o realizar una práctica continua.

El proceso de transformación es algo que se construye día a día, paso a paso. A medida que vamos modificando la manera de relacionarnos con el mundo, vamos transformando los comportamientos que generan el sufrimiento. No se puede cambiar en un fin de semana algo que se ha construido y solidificado durante años. El Buda decía: "No puedo cambiar el mundo en el que se da el sufrimiento, pero puedo cambiar el ojo que ve el mundo".

-¿Qué tan difícil ha sido desarrollar este tipo de enseñanzas en Colombia?

Ha sido muy difícil, principalmente por la falta de constancia de las personas. La mayoría desiste al no ver resultados en poco tiempo y no se dan cuenta de que los obstáculos están en ellos mismos y no en la práctica como tal. La práctica es una herramienta poderosa de transformación y de conocimiento interior, pero si seguimos anteponiendo nuestras resistencias al cambio es muy difícil ver los resultados.

A pesar de que muchas personas encuentran interesante y valiosa la propuesta del Zen de manera intelectual, no todos aceptan que esta comprensión no es suficiente para producir el cambio; que hay que realizar una práctica recurrente de manera consciente, para modificar las propias tendencias inconscientes.

-¿En qué le puede ayudar el Budismo Zen en la cotidianidad de la vida de las personas?

Nos enseña que la insatisfacción que experimentamos todos los seres es resultado de la manera como nos relacionamos con las personas, con los objetos y con la vida. Actuamos desde el odio, la codicia, la arrogancia, desde la necesidad de satisfacer nuestra búsqueda de autosatisfacción y éxito social.

A través de la práctica podemos responsabilizarnos de las consecuencias de nuestras acciones y actuar de manera libre y consciente para dejar de producir sufrimiento en nosotros y en los demás. Podemos empezar a respetar a los otros y hacer nuestro aporte en la construcción de una sociedad sana.

Mitos y realidades

-¿Cuáles son los más usuales mitos que se tejen sobre el Budismo?

Se le ve como una lejana religión asiática que no tiene que ver con nuestra cultura, y que para realizar estas prácticas es necesario abandonar las creencias personales, dejar todas las pertenencias y renunciar a las comodidades de la vida, pero el Budismo no niega la vida, sino que la afirma en toda su dimensión. Ayuda a comprender que no se trata de rechazar lo que la vida nos ofrece, sino aceptarlo como viene, en el presente, sin apegarnos a los objetos externos o a nuestras ideas de lo que el mundo debería ser. Que no existe nada fuera de nosotros mismos que nos lleve a una auténtica felicidad.

-¿Cómo ha sido el desarrollo de la Comunidad Soto Zen en Colombia?

Empezamos hace seis años y el desarrollo ha sido muy lento. Es normal y no buscamos convertirnos en una empresa espiritual "exitosa", porque cuando este tipo de asociaciones crece muy rápido hay algo sospechoso. Lo importante es que estamos construyendo una comunidad sólida en la que todos estén convencidos de que a través de nuestra práctica podemos aportar respuestas a la crisis de valores actual. Sin buscar convencer a nadie de ideologías o de dogmas, podemos convertirnos en un faro de luz para la conciencia de los conciudadanos.

-¿Cómo ve la comercialización que la espiritualidad hoy en día?

Desde hace ya un tiempo se vende la espiritualidad como otro producto de consumo. Se pide una inversión y se ofrece una rentabilidad en talleres de fin de semana. Muchas de estas propuestas generan estímulos emocionales inmediatos y dejan convencidos a los practicantes de que han logrado algo, pero los efectos se pasan rápido y el desencanto vuelve, porque no se produce un verdadero cambio en las estructuras del yo. Esto sólo se logra con trabajo perseverante, solucionando las dificultades una a la vez y continuando a pesar del desencanto inicial.

-Muchos son los que inician el camino pero pocos continúan en él. ¿Cuáles son las principales causas de dicho abandono?

El Zen es una práctica muy sencilla, no propone verdades absolutas ni fórmulas mágicas, no vende paraísos ni ofrece caramelos para el ego. Muchas personas quieren agarrarse de referentes externos que les garanticen la felicidad y se cansan muy rápido cuando no ven satisfechas sus expectativas.

Maestro y monje

-¿Por dónde lo ha llevado su camino como monje?

He tenido la enorme suerte de viajar, conocer muchos maestros y practicar en diferentes países, lo que me ha ayudado a entender que en vez de tener comportamientos depredadores y querer transformar el país a una ideología, el Budismo se ha adaptado a las costumbres y al entorno de la sociedad y la geografía a la que ha llegado. Gracias a mis experiencias he podido comprender que con el tiempo, se llegará a desarrollar una práctica acorde a nuestra cultura y nuestras necesidades, pero esto no depende de mí ni de nadie, sino del tiempo, de una maduración y del asentamiento lento de la práctica.

-Interesante el trabajo en la concentración en el Zen, habitando un mundo del mil distracciones?

El Zen nos enseña que cuando realizamos algún trabajo, debemos poner todo nuestro ser en esta actividad y soltar todos los pensamientos parásitos que vienen a la mente. Así, no debemos preocuparnos por el resultado, porque éste será consecuencia natural de nuestras acciones justas y de una mente despierta.

-¿Cuáles son las barreras para acceder al conocimiento espiritual?

Son nuestros propios prejuicios. Nos aferramos tanto a una idea de lo que debería ser el resultado de nuestra práctica, que no vemos todos los beneficios que de ella se pueden derivar. En el Zen hay un proverbio que dice: "Abre el puño y la mano se llena". Nuestra práctica consiste precisamente en soltar ese aferramiento a ideas fijas y aceptar la vida tal como se presenta en el momento. En una mano abierta cabe el Universo entero.

-¿Desde qué edad podría iniciarse esa búsqueda?

El Zen es una práctica que nos ayuda a madurar como seres adultos responsables. No obstante, la práctica requiere quietud y hay momentos en los que nos confronta con nuestras tendencias reactivas y a veces quisiéramos salir corriendo. En el caso de los niños es muy difícil lograr este tipo de quietud y comprender que al no actuar desde los impulsos podemos modificar los resultados.

La práctica de la meditación Zen se puede iniciar en la adolescencia, pero es importante incluir a los niños y a las familias en actividades comunitarias que inviten a la reflexión sobre el respeto hacia los demás y la tolerancia de las diferencias. Es educar a los pequeños y sembrar las semillas de una actitud responsable frente a la sociedad.