"Quiero ser un verdadero actor global"

ESPECTACULOS. A Édgar Ramírez se le apareció el diablo de casualidad. Hace años estuvo en Colombia promocionando la película "Justo en la mira"; por medio de su amigo, el actor Juan Pablo Raba, conoció a Juan Felipe Orozco, quien le mostró el guión de "Saluda al diablo de mi parte", pero en especial al personaje llamado Ángel, más conocido como "El Diablo", a quien Orozco quería que el actor venezolano interpretara.

Fue así que empezó la relación de trabajo de este actor con el cine colombiano. Lograron cuadrar las semanas de rodaje dentro de la agenda de Ramírez, quien hoy por es la más grata revelación latina en la cinematografía mundial, con nominaciones a los premios Globo y Emmy.

Todo estaba dado para que Édgar Ramírez, de 34 años, trabajara en "Saluda al diablo de mi parte". Por un lado el deseo de los productores de que él fuera el protagonista. Por otro, el ánimo de Ramírez por trabar en Colombia, pues nació en San Cristóbal, ciudad venezolana muy cercana a la frontera con nuestro país, e incluso de pequeño vivió en Bogotá por varios años.

En diez años de labores actorales siempre tuvo claro que el cine era el mundo en el cual quería estar, aunque sus primeros reconocimientos lo lograra a través de una telenovela venezolana: "Cosita Rica".

En su país natal participó en dos películas "Yotama se va volando" y "Punto y raya", la cual protagonizó y le permitió entrar al competido mundo de Hollywood, donde en el 2005 coprotagonizó "Domino", dirigida por Tony Scott.

Así comenzó un ir y venir, entre producciones hollywoodenses como "El ultimatum de Bourne", junto con producciones venezolanas. Su más reciente proyecto fue la miniserie "Carlos", donde encarnó al terrorista venezolano "El Chacal", el cual le ha otorgado importantes reconocimientos y su reciente nominación a los premios Emmy, que se entregarán el próximo 18 de septiembre.

Ahora, está feliz con su papel de "Ángel", en "Saluda al diablo de mi parte", cinta que se estrena este fin de semana en Colombia. Un primer proyecto de muchos que espera realizar, como actor y productor, en Colombia.

Actor de mundo

- ¿Qué lo motivó para aceptar actuar en "Saluda al diablo de mi parte"?

Fueron varias cosas. A mí la historia contemporánea colombiana siempre me ha parecido interesante por su nivel de complejidad, con una cantidad de matices que es muy difícil para un extranjero comprender en su totalidad. "Saluda al diablo de mi parte", aunque no intenta abrir una polémica sobre los procesos de reinserción y de instrumentos como la Ley de Justicia y Paz, cuenta una historia universal a partir de un contexto real como el colombiano, lo cual, sencillamente, me pareció fascinante. Lo que logran los hermanos Orozco (Juan Felipe es el director y Esteban, el guionista) es presentar una historia sobre el perdón con una narración llena de elementos de la realidad colombiana. Al final se abre el debate, más filosófico que político, sobre si la impunidad es el precio de la paz y si es posible lidiar con este tipo de situaciones.

- ¿Y de su personaje?

Ángel es un personaje que se ve completamente imposibilitado por el destino. Intenta rehacer su vida pero su pasado lo alcanza y le pasa factura. Eso me pareció tan clásico y a la vez tan actual que sencillamente quería encarnarlo. Los personajes que caminan por la delgada línea que separa el bien y el mal me conmueven profundamente, porque nadie es lo suficientemente bueno para ser considerado un "ángel", ni nadie es totalmente malo para ser considerado un "diablo". Ese juego presente en el personaje me pareció de un simbolismo maravilloso. Mi personaje se llama Ángel, pero le dicen "Diablo", quien es capaz de amar tanto a su hija, hasta dar su vida, pero también puede cometer las atrocidades más espeluznantes.

- ¿Cómo fue la construcción de Ángel, en especial la parte física?

Como todo, siempre empieza de adentro hacia afuera. Queríamos mantener al personaje con el estilo propio de la película, que es muy directa. Es otra de las cosas que me gusta de la cinta, que es concreta, que te agarra del cuello y es como un tiro directo al corazón, sin filtros. Así queríamos que fuera Ángel. Es un hombre algo ermitaño, de pocas palabras, porque era un hombre de acción y con un deseo de autodestrucción muy fuerte. Fueron cosas que le fui descubriendo y por eso desde el vestuario es muy plano, buscando que no distrajera al público de la historia, lo que permite potencializar la narración. La naturaleza de su trabajo, antes de desmilitarizarse, era ser un hombre invisible en la ciudad, y son cosas que quedaron en él.

-¿Cómo describiría el estilo de esta película?

La película es mucho menos violenta de lo que se siente y eso contribuye más a su impacto. Es una violencia más psicológica, porque son pocas las escenas de violencia explícita, pero lo que resulta violentamente profundo es la tensión que se genera por el secuestro de la tranquilidad del espectador, quien la pierde en el tiempo que dura el filme.

Pasión por la actuación

- Usted lleva seis años trabajando en Hollywood. Acaba de terminar de rodar "Furia de titanes II", pero no ha dejado de trabajar en otras partes del mundo donde los presupuestos no son tan altos. ¿Cómo selecciona los proyectos en los que quiere actuar?

Cuando un proyecto me gusta no me detengo a pensar en dónde se rodará la película, simplemente la hago. Yo más que estar interesado en una carrera internacional estoy buscando ser un artista global. Más allá de tener la oportunidad y el privilegio de que mis películas se vean en todo el mundo, quiero trabajar en todo el mundo. Quiero tener la experiencia de trabajar en diferentes cinematografías, con diferentes cineastas en su lenguaje, en su país y con sus equipos. Todo esto tiene que ver con mi búsqueda personal.

Hace diez años decidí lanzarme a la aventura de las artes escénicas, pero antes me gradué como comunicador social especializado en periodismo político, con el deseo de ser diplomático y viajar por países para conocer su cultura. Ahora estoy cumpliendo esa exploración, pero desde un método poético.

- Con su experiencia, ¿Cómo sintió el nivel de la producción de cine en Colombia?

Hay un compromiso creativo muy alto. Hay gente que realmente tiene y quiere contar historias interesantes. Todo esto tiene que ver con que Colombia tiene una gran literatura, porque en países donde hay una gran producción literaria, hay gente que sabe contar historias y la evolución natural es que hagan buen cine. Además, cuentan con alta calidad técnica y actoral, lo cual me deja muy satisfecho con la experiencia. Quiero seguir trabajando en Colombia, tanto como actor como productor. Además, tengo vínculos muy cercanos con este país, viví en Bogotá de niño, de hecho aprendí el himno de Colombia primero que el de Venezuela, por lo que mis lazos sentimentales son muy fuertes con este país. Por eso era muy importante para mí trabajar en Colombia y contar una historia desde aquí.

- La película relata la historia de reinsertados y de un exsecuestrado, un tema que se conoce bien en Colombia, ¿cómo cree que se verá en otras partes del mundo, donde no viven una realidad similar?

La película habla de cómo los mecanismos legales que un país como Colombia ha creado para generar paz y posiblemente reparación, se traducen en la vida diaria. ¿Es el perdón un acto personal o estatal? Es uno de los interrogantes que se plantea en la película, no busca resolverlos. Es un tema realmente complejo, pero es bueno que se presente en el cine.

- Procesos que a usted le interesan mucho?

Además de mi estudio como periodista político, por un tiempo trabajé en temas de democracia, ahora soy la imagen de Amnistía Internacional, por lo que me atrae mucho este tipo de temáticas e intentar conocerlas por dentro, para hacerme una idea más clara de cómo y por qué suceden estas cosas.

-Antes de encarnar al Diablo, usted hizo el papel del Chacal en la miniserie "Carlos", ¿cómo sale y entra de personajes tan difíciles?

Es como un viaje a una caverna profunda. Es como cuando haces escalada, donde tú mismo vas subiendo, te amarras y vas colocando los puntos de seguridad; de repente caes 200 metros y te agarra el punto de seguridad que tú mismo colocaste. Así es la actuación, pues tu propia labor te permite lanzarte al vacío con seguridad y no perder la cordura.

No veo otra manera de hacerlo que entregarle al personaje todas las herramientas posibles de mí a su servicio. Eso es lo único que puede generar una conexión con el espectador. Igual, muchas veces me he caído, me he levantado y seguido por el camino, lo cual lo hace interesante y apasionado.