Hablando con Mario Mendoza

ESPECTACULOS. Hace dos décadas hizo su aparición en el mundo editorial con su novela "La ciudad de los umbrales", y desde aquella época, el escritor bogotano Mario Mendoza empezó a construir una obra literaria sólida, coherente, que ha crecido con trabajo y de la mano de sus lectores, y la cual concluyó, al menos en un primer ciclo, con la aparición de su libro "Apocalipsis" (2011).

A lo largo de ese trabajo en el cual han surgido historias como "Relato de un Asesino", "Satanás", "Cobro de sangre" y "Buda Blues", por mencionar algunas, Mendoza ha explorado los recovecos del cuerpo y del alma en series que van por los extremos de una malsana sociedad.

En ese camino, sus personajes le han exigido una investigación para crear sus perfiles mentales, y con dicho estudio ha conocido de primera mano las enfermedades, síndromes y patologías que atacan al ser humano de hoy. De todo ello nace "La importancia de morir a tiempo", su nuevo libro.

Es una especie de diccionario de rarezas, o como lo define el propio Mario, una especie de zapping donde el lector va saltando de locura tras locura, protagonistas de primer orden en la sociedad actual.

Un libro distinto a los demás

-Más allá de la ficción, ¿Qué diferencia hay entre sus novelas y este libro?

Los personajes de mis novelas no tienen nada que ver conmigo, se parecen y a veces coinciden, pero son independientes. Todo lo contrario pasó en el libro "La locura de nuestro tiempo", donde soy totalmente yo, respondía por todo lo que estaba allí, era la voz de Mario Mendoza.

Sin embargo, me quedó la sensación de que algo había hecho falta, por eso escribí "La importancia de morir a tiempo", para entrar a nuestra época con todo, desde una voz propia. Me la pasé muy bien a diferencia de las novelas en donde es muy sufrida y atormentada la escritura porque los personajes son muy tenaces.

Es un intento por aprender la época, con el desplazamiento de lo real que ha conquistado nuevos espacios y nuevas dimensiones hoy en día. Ese es el deseo del libro.

- La idea del libro nace en una noche con el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo?

Me encontraba en México y cenábamos en su casa. Hablamos del pintor mexicano Joaquín Clausell, reconocido por sus retratos de la ola impresionista de los años treinta del siglo XX y que pronto empezó a pintar en la pared de su estudio y se dejó llevar, con unos murales de pintura carnavalesca muy rara, llenando todas las paredes con ese viaje alucinatorio.

Cuando lo vi, empecé a preguntarme cómo sería un libro que fuera un mural contemporáneo alucinatorio, y fue en ese momento que apareció este libro, con la idea de que fuera raro, con cosas extrañas pero que den con la época y su espíritu delirante.

Antes de la realidad virtual, antes de Internet, se tenía relativamente claro qué era realidad y qué no, pero la entrada de lo virtual produjo una ampliación, un desplazamiento y un giro de lo real muy basto.

-¿Cómo fue la construcción de un libro de este tipo?

Tenía mil cosas a manera de zapping. Lo que había intentado era generar la sensación de leer un libro como quien está pasando por canales de televisión, pero todo es alocado, donde siempre caes en un programa igual o más disparatado que el anterior.

De ahí se generaron tres líneas que para mí eran fundamentales, como lo son el cuerpo, la relación con la maquina corporal, bien sea a nivel psíquico o físico. También el amor y la muerte, pero luego apareció algo muy potente como es la divinidad, la religión.

Lo que entendería un cronista de hace 20 años, no tiene nada que ver con lo que debe entender un cronista de hoy en día, porque la realidad es mucho más amplia ahora.

-¿Ahora vivimos en otro u otros mundos?

Vivimos en otros mundos donde a toda hora existen entrecruzamientos de otros universos ligados con este. Antes teníamos más o menos claro el masculino y femenino, además de un mundo gay y pare de contar. Hoy en día se puede ser heterosexual en el mundo real y a la vez gay en el mundo virtual, lo que es rarísimo pero está ocurriendo porque el cambio de sexo es lo más usual en ese mundo.

Problemas reales de personajes de ficción

-Un libro que inicia con una serie de síndromes y patologías que muchos de sus personajes, en sus novelas, han sufrido?

Yo había trabajado mucho el tema de psiquiatría para "Relato de un asesino", "Satanás" y otros libros, porque mis personajes me exigían investigar mucho en estos temas. Pero esta vez fue diferente, porque al conocer los síndromes empecé a darme cuenta lo cercano que se encuentran de la poesía, del arte, con unos trastornos donde la realidad es alterada de una manera poética.

Ahí entra la vieja discusión sobre si el Quijote está loco o no, lo cual es una pregunta complicada, porque es un actor a voluntad y en el libro pasa algo parecido, que es ver dichos trastornos desde la literatura y el arte, porque para un artista eso no es tan extraño ni tan curioso.

Hay una zona de coexistencia donde arte e irrealidad y problemas mentales se aparentan y se entrecruzan. Por lo que para unos son patologías y enfermedades, para otros son principios creativos.

-De hecho, presenta al Síndrome Fregoli, como una de las enfermedades que pueden sufrir los novelistas?

La literatura puede ser entendida como una patología, como un desplazamiento de lo real, porque lo que es real para un escritor no necesariamente es real para un banquero, lo que lo hace difícil y complicado de definir.

-Síndromes y enfermedades en las que la sociedad está en permanente contacto?

Incluso se puede padecer alguno de estos síndromes y no darse cuenta. Espero que algún lector reconozca su patología leyendo el libro. Creo que hoy en día estar sano mentalmente es imposible, estamos cruzados por virus y estamos muy trastornados.

-¿Vivimos en un país que es adicto al dolor?

Hay una inclinación hacia el sufrimiento. El cristianismo nos prepara para admirar una imagen de un crucificado, doliente y sangrante, que se sacrificó por nosotros, lo que es en cierta forma entrar en el terreno de la patología, y de ahí en adelante qué más queda, seguir admirando el sufrimiento y el dolor.

Es una sociedad y un país muy peligroso desde ese punto de vista. En Colombia los porcentajes de problemas mentales son altísimos, más las cosas no declaradas, donde la mitad de las personas con las que uno interactúa a diario, sufre algún dolor, presión, angustia o patología mental. Incluido uno mismo.

Síndrome de la ciudad luz

-¿Curiosamente inicia con lo que denomina Síndrome de París?

Porque nunca fui. Era un peregrinaje obligado para los escritores pero yo me negué. Conozco Francia y de hecho estoy traducido al francés, pero nunca se presentó la oportunidad de ir y por cuenta propia no me ha interesado. Dentro de los escritores era como una obligación, como que no se podía ser escritor sin haber ido a París.

Por esto me pareció interesante verla como una patología de la clase media tercermundista, que dicta que pasar por esa ciudad era lo mejor del buen gusto y que una ciudad se convirtiera en una enfermedad reafirmó mi idea de no ir y me gustó empezar por ahí.

-Volviendo al tema de lo real y su desplazamiento, toca el tema del sexo virtual y la dualidad sexual?

Hay unas generaciones que están educadas en el sexo virtual, para las cuales tocarse es incluso de mal gusto. Yo creo que tuve la fortuna de crecer en una época donde conquistar, acercarse, acariciarse y enamorar a otra persona era toda una aventura.

Hoy en día un joven se encuentra en su despertar hormonal y con el mundo del porno en Internet en su habitación no puede escaparse de ello, porque se vuelven adictos. Yo me los he encontrado en las clínicas psiquiátricas.

El cuerpo virtual muchas veces ha reemplazado al cuerpo real al punto que no hay alteridad, no hay relación con el otro, porque ese otro ya no existe. Ahora son generaciones que ya no se tocan, que no se dan un beso o se toman de la mano, se encuentran construyendo un universo muy distinto, y lograr entender esas dinámicas es muy difícil.

-Relata la historia de su amigo Mike, un hombre que comía de manera compulsiva para luego intentar vomitar, ¿es el perfil del hombre contemporáneo?

Estamos entre el deseo y la repulsión en donde queremos tragarnos todo y a la vez vomitarlo. Así está diseñado el mundo, para tragarnos todo y enfermarnos. Todo gira entorno al supermercado como un paraíso infantil de niños consumistas llenos de toda la inmundicia que les han metido y que define bien la época.

Todos tenemos cosas que no necesitamos o usamos y eso ya es un índice patológico. Más de mil millones de personas con hambre, más de tres mil millones por debajo de las calorías necesarias y buena parte de la humanidad come sin hambre, más de lo que necesita, consume de manera vulgar, por pura gula.

El Capitalismo está diseñado para ello, la bestia consumista, para despertar el animal que se trague todo, que no quiera parar y que todo lo quiera para él, hasta que enferma y explota. Ahí es cuando el capitalismo se hace cuerpo.

-¿Hay marcha atrás en nuestra autodestrucción?

Nos estamos tragando el planeta, cambiamos el clima, eliminamos a las otras especies, contaminamos todo, estamos llenándonos de basura y seguimos reproduciéndonos sin parar. Creo que es inevitable el proceso de autodestrucción.

El fin de los tiempos no es un problema esotérico ni de profecías apocalípticas, es sólo cuestión de un cálculo matemático.

-Y pasando al plano literario, ¿Trabaja en una nueva novela?

Tengo una novela que estará lista para el próximo año, que es independiente del ciclo que cerré con la novela "Apocalipsis", pero es mi regreso a lo policíaco, género que no trabajaba desde "Scorpio City", hace más de 15 años.